domingo, 6 de junio de 2021

la despedida no es fácil...

Han pasado muchos años de esta situación, ambos eventos tienen una diferencia de unos siete años entre ellos pero fueron igualmente dolorosos. Es algo natural pero está muy lejos de ser aceptado y tomado a la ligera. Yo sentí una sensación de vacío, un sentimiento extraño que tiene que ver con el no saber a dónde fueron y qué es lo que nos depara el destino cuando todo se termine. A mi me queda la sensación de que aún saben que estoy haciendo, y que lo que haga debo hacerlo bien porque puedo volverlos a ver y tendría que justificar algún mal comportamiento. Es un sentimiento personal, difícil de describir pero muy real. Con mi papá me pude despedir, pedí un permiso en la compañía y me fui a Margarita a verlo en sus últimos momentos, llegué a tiempo y pude ver que estaba sufriendo, aunque él no me lo dijo, fui con mi hermano y nos pidió que arreglaramos todo para su funeral, así que procedí a realizar todas las diligencias necesarias para su entierro, estando él vivo y sabiendo lo que yo hacía. Menos mal que en la funeraria me ayudaron y todo con real se soluciona, elegí la urna, una de madera, muy bonita si se puede usar ese término, me dijeron que podrían arreglar ellos el traslado para Caracas y les pedí que lo hicieran, ya que él me pidió que a pesar de que era mi decisión donde enterrarlo, él deseaba que le llevará flores amarillas a su tumba cuando lo fuera a visitar, y eso se me haría más fácil en Caracas. Mientras hacía las diligencias él pedía que regresará a la clínica pero todavía teníamos que contactar al cura para los santos óleos, por fin logré concluir las diligencias y estuve con mi papá dos días antes de su muerte, me despedí con un abrazo y su bendición y partimos para Caracas, al día siguiente me notificaron su partida de este mundo, la funeraria cuadró todo el traslado en avión y a la funeraria que quedaba en el Rosal en Caracas, allí lo esperé solo todo el día, tomando mucho café y cavilando sobre su partida. Debo decir que al volverlo a ver, la última vez, ver su rostro, me trajo paz interna, estuve la noche a su lado, no dormí y se le enterró en la tarde del día siguiente, ya no sufría, estaba en paz. A su funeral fueron sus amigos, su familiares y mis amigos más cercanos, vi gente que tenía años que no veía, les agradezco la compañía. Ese día llovió, como ha llovido en los funerales de mis seres queridos, llora el cielo y lloro yo por la partida.

 A mi mamá la acompañé en sus últimos momentos en la clínica Cemo en Santa Mónica, siempre estuvo dormida, desde que la trasladamos de su apartamento en la Avenida Victoria hasta la clínica. Estuve a su lado todo el día y toda la noche, leyendo y sin dormir, no me pude despedir de ella, no estaba consciente. Murió mientras yo estaba en mi casa, dándome un baño y preparándome para descansar un poco mientras mi hermano la acompañaba. Con mi mamá, mi hermano se encargó de todo, el funeral fue en el Cementerio del Este, asistió la familia, amigos y compañeros de trabajo, les estoy agradecido por la compañía, en esos momentos de soledad hace falta el apoyo de los que conocemos y se agradece mucho. Debo decir que aquí lo que sentí fue un dolor muy profundo, una sensación de pérdida extrema, nada de paz. A mi mamá la veía todos los fines de semana, ella salía regularmente con David, hasta que se sintió muy mal. Pero yo la visitaba regularmente y le llevaba sus medicinas y comida. Tuve que ayudar a los bomberos para sacarla del apartamento y trasladarla a la clínica, estuve en los hospitales donde ella ingresaba por sí misma, siempre decía que no tenía a nadie y luego cuando ya estaba allí, le pedía a alguna enfermera que me llamara, con frecuencia las enfermeras me conocían, he visitado casi todos los hospitales de Caracas por muchos años, así que conozco mucha gente del personal de salud. Ella hizo lo que quiso hasta el final y como ella quiso. Sin control, sin ayuda, a su manera. Me quedó la sensación de no haber hecho suficiente, pero ella no lo permitía con su comportamiento. Al final todos quedamos hechos polvo y el espíritu del que parte agarra vuelo y se va hacia un mejor destino. Todos tenemos el mismo destino en el mundo material, en el espiritual no se sabe. Escribo esto a petición de mi hermana, que no estuvo presente en estas dos importantes fechas porque no pudo, estaba viviendo en España y no pudo venir a despedirse. Los dos ya no estaban juntos en vida, pero los tuvimos que enterrar juntos por necesidad, a veces pienso que la vida se burla de nuestras decisiones.

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