martes, 1 de junio de 2021

recordar es vivir...

 Conociendo Venezuela

 Como se ama profundamente a tu país...yo comencé a amarlo, viajando con mis padres por toda Venezuela. Siempre íbamos a Pampatar al hotel Nueva Cádiz en Margarita de vacaciones, un hotel con una gran piscina y con un estilo español, muy bonito, tenía una gran mesa donde desayunabamos los huéspedes en la mañana temprana a golpe de las ocho am, compartiendo y contando historias. Ese era nuestro destino vacacional usual, el viaje siempre lo hicimos por tierra, nos montabamos en el ferry que llegaba a Punta de Piedras y de allí al Nueva Cadiz. Cuando no podíamos ir a Margarita, nos íbamos toda la familia a Los Caracas, era el mejor lugar para vacacionar, una especie de pueblo con unas hermosas casas, que se alquilaban con almohadas y sabanas, siempre nos ubicabamos al lado del bosque y muy cerca del rio, allí podíamos bañarnos cuando no íbamos a la playa. En el lugar había un cine, un supermercado y una iglesia; a la iglesia al inicio no se podía entrar en traje de baño, era la época en que las mujeres usaban mantillas para ir a Misa, los domingos en la mañana era el único momento en que tenía que usar pantalones largos. Para llegar a los diferentes sitios lo hacíamos en un gran autobús, el cual era gratis y pasaba regularmente por todo el complejo vacacional, te podías montar en él y recorrer toda la ciudad vacacional, si no te bajabas, llegabas de nuevo a tu casa alquilada. El mismo autobús te llevaba a una piscina de agua de mar y que tenía una fuente de soda "El Botuco" donde podías comer sándwiches y refrescos, recuerdo que si te bañabas cerca de la fuente de soda, siempre se escuchaban canciones de los Beatles que se repetían continuamente. La piscina era inmensamente grande y tenía una zona muy profunda donde se ponía el agua muy oscura, allí aprendí a lanzarme del trampolín, logre hacer el ángel y la carpa desde lo alto de la torre, que para mi era altísima pero solo tenía unos cinco metros de altitud, pero de lo alto se veía toda la piscina y cuando me lanzaba me parecía que volaba, eran innumerables las veces que me lancé de allí, al principio con miedo y al final con destreza y con la seguridad de un clavadista como esos que se ven en la televisión. Mi papá en sus vacaciones nos llevaba a conocer Venezuela, lo hacíamos en carro y nos alojabamos en buenos hoteles, eran los años sesenta, el presidente era Raúl Leoni, según recuerdo, eran épocas tranquilas donde la política no era el tema principal en mi casa. En uno de los viajes nos llevó a su tierra Guayana, él era de Guasipati, y se había venido a la Capital cuando muchacho, siempre bromeaba y decía que se había venido en burro con su hermano Arturo y que se habían tardado tres días en llegar. Nosotros hicimos el viaje de vuelta en carro y nos tomó unas doce horas en llegar al hotel, era un hotel de la Conahotu, muy lujoso en Ciudad Guayana, se podía ver el salto de La LLovizna desde allí. En ese viaje conocí Sidor, pude ver como se trataba el hierro, hicimos un tour y pudimos ver unas palanganas llenas de hierro fundido al rojo vivo, era un sitio muy caliente, ya yo tenía el gusanito de la fotografía pero no pude tomar nada, ninguna fotografía, estaba prohibido y el guia me amenazó con quitarme la cámara si me cachaba tomando fotos. También conocí el Guri, la represa, en ese momento era un sitio espectacular y de orgullo nacional, era la época de la Venezuela rica, donde todos querían venir a vivir. En ese viaje nos llevó a su pueblo natal, Guasipati, me llamó la atención que las aceras eran muy altas y que el hotel tenía un solo baño, las habitaciones eran calurosas, yo como adolescente me dije que no volvería a pisar ese pueblo, pero si lo hice, ya de adulto y lo vi con otros ojos, era la tierra de mi padre y de mis abuelos. En ese viaje, visitamos un hato que había sido de mi abuelo y ahora era de un pariente, ya conté que bebimos de las ubres de las vacas y quienes se enfermaron fueron mi papá y mi abuelo, los autóctonos del lugar. De ese viaje, algo que me quedó grabado fue lo imponente y bello que era el puente sobre el rio Orinoco, todavía tengo grabadas en la mente imágenes del momento en que por primera vez lo crucé, tenía un año de haberse terminado. Ahora ese destino es más alucinante, he visto paseos donde se puede navegar por el rio y pasar por debajo de las cascadas del Caroní, viajar por el Orinoco y bañarse al pie del Salto Ángel, ya no tengo la edad y la capacidad para realizar esos paseos pero me quedo con las ganas.

Otro recuerdo que vino a mi mente fue en una Semana Santa mi papá decidió llevarnos a pasear al occidente del país. Comenzamos visitando Morón y Puerto Cabello, nos alojamos en un hotel que se llamaba Palma Sola, la arena de la playa aledaña al hotel resumía petroleo, ese siempre ha sido un problema en esa zona. Recuerdo que no pudimos nadar en su piscina porque era Jueves Santo y nos podíamos convertir en sardinas si nos metíamos en el agua, en el radio solo se oía música clásica que en ese momento me parecía sumamente aburrida. De allí nos fuimos siguiendo el camino para Coro, Punto Fijo y para las hermosas playas del estado Falcón, nos alojamos en un hotel que quedaba al lado de los medanos de Coro, también de la Conahotu, nos metimos en las dunas y nos llenamos los zapatos y la ropa completamente de arena. De allí nos fuimos para Maracaibo, tierra caliente, donde los cambures los llaman guineos y hace un calor que a veces es insoportable, allí conocí el hotel El Lago, este lo visitaría muchísimos años después pero como alojamiento temporal de trabajo. Lo que más me molestaba en esos viajes era el calor, siempre nos acompañaba y en el carro, aunque íbamos con las ventanas abiertas, lo que soplaba era aire caliente. No teníamos aire acondicionado, no sé si ya lo usaban los automóviles. Por raro que parezca con mi papá no conocí Mérida que era un destino usual en él cuando era piloto. Tampoco Morrocoy, ese lo conocí por mi cuenta. Por supuesto que conozco toda Venezuela, he viajado en carro y en avión por toda ella, pero estos recuerdos trataban de los sitios turísticos que conocí con mis padres y estos viajes los hicimos en un Mercury Comet blanco de los años sesenta, un bello auto del momento, recuerdo que yo tomaba las fotos con una cámara Kodak instamatic 126, que aún conservo y mi papá tenía una Polaroid que revelaba las fotos instantáneamente, pero no era una cámara muy fácil de usar. Recuerdo las cámaras porque he sido aficionado a la fotografía desde muy pequeño, eran los años en que eramos ricos y no lo sabíamos.


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